Historia de Agara
Agara nació en mayo de 2025, en un momento que no tenía nada de planificado.
Tuve que coger una baja laboral y necesitaba encontrar algo que me ayudara a mantener la mente ocupada. Empecé a experimentar con arcilla polimérica casi sin expectativas: probando formas, colores, mezclas… y de repente me daba cuenta de que habían pasado horas. Sin buscarlo demasiado, aquello empezó a convertirse en algo importante para mí.
Durante ese tiempo fui llenando a mis amigas, a mi familia y, sobre todo, a mi madre de pendientes. Ellas fueron las primeras en llevarlos y también quienes me animaron a tomármelo más en serio. Gracias a ese apoyo y a las ganas de seguir creando, casi un año después el proyecto empieza a tomar forma de verdad.
El nombre también nace de ese momento vital.
Quería que tuviera un significado personal y lo busqué en euskera, como un pequeño guiño a mis raíces familiares de Bilbao. Agara significa “huida”: ese impulso muy humano de alejarnos de lo que nos pesa, de reconstruirnos y de aprender a cuidarnos.
Vivo en Oviedo, aunque crecí en Arenas de Cabrales, un lugar que sigue siendo muy importante para mí y al que vuelvo siempre que puedo. De alguna manera, este proyecto también vive entre esos dos lugares. Cuando paso unos días en Cabrales, me llevo las herramientas conmigo, así que Agara se mueve un poco entre la ciudad y las montañas donde crecí.
Casi todos los diseños tienen una historia detrás.
Nacen de recuerdos, de personas, de lugares o de momentos vividos. Cabrales y mi infancia allí están muy presentes en muchas de las piezas, pero también los viajes, los paisajes o pequeñas experiencias que de alguna manera terminan transformándose en formas y colores. Al final, cada pieza es un pequeño fragmento de todo eso.
